Bolivia fue prácticamente el único país que hace una semana rechazó la resolución del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) de condena a Nicaragua por las acciones políticas ilegales en contra de opositores, dirigentes y empresarios y por la violación de los derechos humanos en ese país. San Vicente y las Granadinas –un país insular con un territorio casi tres veces más pequeño que Achacachi y con una población igual a la de Montero– fue el otro que votó en contra.
Incluso los gobiernos de Argentina y México, aliados de Ortega y que la pasada semana se abstuvieron de votar, ayer llamaron a sus embajadores en Nicaragua en un gesto en contra de las acciones de Ortega.
Pero el de Nicaragua no es el único caso que pone a Bolivia en la mira por respaldar a países que violan los Derechos Humanos (DDHH). Hay otros antecedentes todavía más graves en cuanto a crímenes.
En 2017, el gobierno de Bashar al Assad en Siria mató a más de 100 civiles con gas sarín, y al año siguiente hizo lo mismo con la misma arma y mató a casi 80 ciudadanos. Muchas de estas víctimas eran niños.
Tres años después de aquella primera masacre contra civiles, la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) concluyó que el régimen sirio fue el que atacó a la población con cloro y gas sarín, sustancias tóxicas que dejaron alrededor de 100 lesionados y muertos en 2017.
Y también la OPAQ, en abril de 2021, entregó los resultados de su investigación sobre los ataques en 2018 por el gobierno sirio. “Siria usó cloro como arma química durante un ataque en la ciudad de Saraqib en 2018”, dice parte del informe. Las pruebas de la OPAQ incriminan al régimen de Bashar Al Assad.
Este y otros hechos perpetrados por el gobierno dictatorial de Siria contra los DDHH han levantado la protesta de varios países y han llevado al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a tomar acciones.
Dada la gravedad de los actos del Gobierno de Siria, el Consejo de Seguridad intentó sancionar al régimen de Siria, mediante resoluciones, pero las sanciones no prosperaron por el veto de Rusia. Y Bolivia apoyó ese veto.
“Lo de Siria nadie lo pudo explicar. Sacha Llorenti no explicó por qué rechazó la sanción. Él dijo que sólo fue un apoyo a Rusia. En este tema, todo el mundo aprobó la sanción a Siria. Haber apoyado a este país (como lo hizo Bolivia), sobre todo cuando mató a niños, no tiene explicación. En ese momento en Bolivia nos dimos cuenta que habíamos perdido una tradición en la diplomacia. Podíamos habernos abstenido, como siempre lo hicimos en casos difíciles”, afirma el experto en temas diplomáticos, Gustavo Aliaga, hoy diputado de Comunidad Ciudadana.
El diputado Renán Cabezas (MAS), presidente de la Comisión de Constitución de la Cámara Baja, relativizó lo ocurrido en Siria. “Respecto a Siria, hay intereses externos que desinforman. En el fondo, hay intereses políticos que tratan de controlar el mundo. No estamos de acuerdo con que se vulneres los derechos (de los niños y civiles); sin embargo, somos respetuosos de las decisiones que los países tomen internamente. Se debe respetar la soberanía de los gobiernos”, dijo.
“Pero una investigación estableció que fue el Gobierno de Siria el que usó gas sarín y mató incluso a niños”, le replicó Página Siete. “El Imperio anda permanentemente mintiendo y tergiversando”, respondió Cabezas.
Posición boliviana en la ONU
Desde que el MAS asumió el mando del país en 2006, Bolivia dio un giro en su posición política dentro de los organismos internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la OEA.
Al margen de que en las cinco ocasiones en las que el Consejo de Seguridad pretendió sancionar a Siria por el uso de armas químicas y que Bolivia respaldó el veto ruso, el país también apoyó un esfuerzo de China por impedir multas contra Corea del Norte, una de las dictaduras más sangrientas del mundo.
De acuerdo con una investigación de Brújula Digital, en las 61 veces que Bolivia votó en el Consejo de Seguridad de la ONU durante el tiempo que le tocó ser parte del Consejo de Seguridad lo hizo en línea con Rusia.
En esto Bolivia mostró tal sintonía con la posición de Rusia, que incluso cuando éste se abstenía en algún tema, Bolivia también optaba por esa posición.
De esas 61 veces en las que Bolivia votó, en cinco de ellas –debido al veto ruso– ese cuerpo no sólo no logró sancionar a Siria, sino que se frenaron las investigaciones de esas masacres.
“Naciones Unidas, casi al final de la gestión de Sacha Llorenti, termina quitando la posibilidad de que se siga investigando lo ocurrido en Siria. No se ve bien a Bolivia votando a favor de parar la investigación. Nada teníamos que ver nosotros. ¿Por qué (como Bolivia) quitamos la posibilidad de que el mecanismo conjunto de investigación continúe con su trabajo sobre Siria?”, se pregunta Gustavo Aliaga.
Precisamente por este tipo de acciones la ONG UN Watch (Observatorio de las Naciones Unidas) incluyó a Bolivia, en mayo pasado, en la “lista de la vergüenza”, porque no apoyó la resolución de la ONU contra los genocidios, crímenes de guerra, limpieza étnica y crímenes contra la humanidad. El voto de Bolivia se dio en línea con los votos de Corea del Norte, Kirguistán, Nicaragua, Venezuela, Bielorrusia, Rusia, China, Cuba y Siria, entre otros, precisamente el grupo de países donde más se dan las denuncias de violación de los derechos humanos.
Fuente: Página Siete


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